Los quince jóvenes que conforman la séptima expedición de Jóvenes con América Latina, el programa puesto en marcha por la Junta de Extremadura y la Asociación de Universidades Populares de Extremadura (AUPEX), han comenzado este fin de semana en Baños de Montemayor su formación de cara al viaje que emprenderán hacia Nicaragua el próximo 20 de noviembre.

Se trata de la primera sesión de formación de las tres que componen esta primera fase del programa, en la que los jóvenes que viajarán a Nicaragua conocerán de primera mano el programa en el que están participando, establecerán las pautas de trabajo durante todas las fases del proyecto, remarcarán los compromisos que adquieren en el marco de este programa y se acercarán mediante charlas y actividades al país en el que van a permanecer trabajando durante un mes. Además, esta primera fase ayudará a los participantes a conformarse como grupo y a tomar un contacto directo con los que serán sus compañeros de viaje.

Esta primera sesión formativa ha estado dedicada a las Tecnologías de la Información y la Comunicaciṕn (TIC), con un taller sobre Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC) en el los jóvenes han aprendido a manejar la plataforma web del proyecto y se han creado sus blogs personales y sus espacios para subir a la red sus fotos y vídeos, a través de los cuales nos transmitirán sus experiencias y sensaciones durante todo el proceso. Todo ello bajo la base del Software Libre, sobre la que trabajarán durante todo el proceso.

La fase de formación está compuesta por tres sesiones. La de este fin de semana ha sido la primera de ellas; las otras dos se desarrollarán los dos próximos fines de semana. Todas ellas están pensadas para capacitar, sensibilizar y comprometer al grupo de jóvenes para conseguir que se conviertan en agentes activos de la cooperación al desarrollo en sus diversas modalidades.

El programa diseñado para las tres sesiones persigue crear un grupo de acción, facilitar la adquisición de contenidos sobre todas las realidades de Nicaragua, formar en el manejo de la comunidad virtual creada en el marco del programa y diseñar y elaborar proyectos para la transferencia de la experiencia.

Toda la información sobre el programa y el día a día de los jóvenes está disponible en la web http://www.aupex.org/cooperacion/jovenesvoluntarios.

Jóvenes voluntarios con América Latina es un programa impulsado por la Consejería de los Jóvenes y del Deporte en colaboración con la Agencia Extremeña de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AEXCID) y la Asociación de Universidades Populares de Extremadura (AUPEX) dirigido a grupos de jóvenes extremeños de 22 a 30 años que a través de la experiencia en Nicaragua se enriquezcan personalmente y a la vez adquieran un compromiso, de vuelta e integración en los grupos activos locales de la Red Local Solidaria de AUPEX en toda Extremadura.

Los quince jóvenes que conforman la séptima expedición de Jóvenes con América Latina, el programa puesto en marcha por la Junta de Extremadura y la Asociación de Universidades Populares de Extremadura (AUPEX), han comenzado este fin de semana en Baños de Montemayor su formación de cara al viaje que emprenderán hacia Nicaragua el próximo 20 de noviembre.

Se trata de la primera sesión de formación de las tres que componen esta primera fase del programa, en la que los jóvenes que viajarán a Nicaragua conocerán de primera mano el programa en el que están participando, establecerán las pautas de trabajo durante todas las fases del proyecto, remarcarán los compromisos que adquieren en el marco de este programa y se acercarán mediante charlas y actividades al país en el que van a permanecer trabajando durante un mes. Además, esta primera fase ayudará a los participantes a conformarse como grupo y a tomar un contacto directo con los que serán sus compañeros de viaje.

Esta primera sesión formativa ha estado dedicada a las Tecnologías de la Información y la Comunicaciṕn (TIC), con un taller sobre Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC) en el los jóvenes han aprendido a manejar la plataforma web del proyecto y se han creado sus blogs personales y sus espacios para subir a la red sus fotos y vídeos, a través de los cuales nos transmitirán sus experiencias y sensaciones durante todo el proceso. Todo ello bajo la base del Software Libre, sobre la que trabajarán durante todo el proceso.

La fase de formación está compuesta por tres sesiones. La de este fin de semana ha sido la primera de ellas; las otras dos se desarrollarán los dos próximos fines de semana. Todas ellas están pensadas para capacitar, sensibilizar y comprometer al grupo de jóvenes para conseguir que se conviertan en agentes activos de la cooperación al desarrollo en sus diversas modalidades.

El programa diseñado para las tres sesiones persigue crear un grupo de acción, facilitar la adquisición de contenidos sobre todas las realidades de Nicaragua, formar en el manejo de la comunidad virtual creada en el marco del programa y diseñar y elaborar proyectos para la transferencia de la experiencia.

Toda la información sobre el programa y el día a día de los jóvenes está disponible en la web http://www.aupex.org/cooperacion/jovenesvoluntarios.

Jóvenes voluntarios con América Latina es un programa impulsado por la Consejería de los Jóvenes y del Deporte en colaboración con la Agencia Extremeña de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AEXCID) y la Asociación de Universidades Populares de Extremadura (AUPEX) dirigido a grupos de jóvenes extremeños de 22 a 30 años que a través de la experiencia en Nicaragua se enriquezcan personalmente y a la vez adquieran un compromiso, de vuelta e integración en los grupos activos locales de la Red Local Solidaria de AUPEX en toda Extremadura.

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Imperio contraataca (y pierde)

Posted: agosto 31, 2010 in Uncategorized

Por James Petras (*) Rebelión. | 20 agosto de 2010

 

Introducción

La política estadounidense hacia Venezuela ha adoptado muchos giros tácticos, pero el objetivo ha sido siempre el mismo: derrocar al Presidente Chávez, invertir el proceso de nacionalización de grandes empresas, abolir los consejos comunitarios y sindicales de base y devolver al país a la situación de Estado cliente.

Washington financió y respaldó políticamente un golpe militar en el año 2002, un cierre patronal en los años 2002-2003, un referéndum e infinidad de tentativas de medios de comunicación, organizaciones políticas y ONG para socavar el régimen.

Hasta el momento, todos los esfuerzos de la Casa Blanca han sido un fracaso; Chávez ha ganado una y otra vez en elecciones libres, ha conservado la lealtad del ejército y el respaldo de la inmensa mayoría de la población urbana y rural más pobre, de las abultadas clases trabajadoras y de las clases medias empleadas en el sector público.

Washington no ha cejado ni se ha resignado a aceptar el gobierno electo del Presidente Chávez. En cambio, con cada derrota de sus colaboradores en el interior del país, la Casa Blanca ha ido adoptando cada vez más una estrategia «externa», erigiendo un «cordón militar» poderoso con el que rodea a Venezuela con una presencia militar a gran escala que abarca toda América Central, el norte de Sudamérica y el Caribe.

La Casa Blanca de Obama respaldó un golpe militar en Honduras que derrocó al gobierno elegido democráticamente del Presidente Zelaya (en junio de 2009), aliado de Chávez, y lo sustituyó por un régimen títere que apoya las políticas militares de Washington contra Chávez.

El Pentágono consiguió establecer siete bases militares en el este de Colombia (en 2009), que miran a la frontera venezolana, gracias a su gobernante cliente, Álvaro Uribe, el célebre presidente narco-paramilitar.

A mediados de 2010 Washington suscribió un acuerdo sin precedentes con la aquiescencia de la Presidenta derechista de Costa Rica, Laura Chinchilla, para destacar a 7.000 soldados de combate estadounidenses, 200 helicópteros y docenas de buques apuntando hacia Venezuela, con el pretexto de la persecución del narcotráfico.

En la actualidad, Estados Unidos está negociando con el régimen derechista del Presidente de Panamá, Ricardo Martinelli, la posibilidad de reabrir una base militar en la antigua zona del canal.

Junto con la IV Flota que patrulla las costas, 20.000 soldados en Haití y una base aérea en Aruba, Washington ha cercado a Venezuela por el oeste y el norte, estableciendo zonas de lanzamiento de tropas para una intervención directa si se dan las circunstancias internas favorables.

La militarización de la política de la Casa Blanca hacia América Latina, y hacia Venezuela en particular, forma parte de su política global de confrontación e intervención armada.

Sobre todo, el régimen de Obama ha ensanchado las miras y el alcance de las operaciones de los escuadrones de la muerte clandestinos que hoy día operan en 70 países de cuatro continentes, ha aumentado la presencia bélica estadounidense en Afganistán en más de 30.000 soldados, más otros 100.000 mercenarios a sueldo que actúan atravesando las fronteras para penetrar en Pakistán e Irán, y ha suministrado material y proporcionado apoyo logístico a terroristas armados iraníes.

Obama ha intensificado la provocación con maniobras militares en las costas de Corea del Norte y en el Mar de China, lo que ha suscitado protestas de Pekín. Igualmente revelador es el hecho de que el régimen de Obama ha incrementado el presupuesto militar en más de un billón de dólares, a pesar de la crisis económica, el monumental déficit y los llamamientos a la austeridad y los recortes en la Seguridad Social y otros seguros sanitarios como Medicare o Medicaid.

Dicho de otro modo: la actitud militar de Washington hacia América Latina y, en especial, hacia el gobierno socialista democrático del Presidente Chávez forma parte de una respuesta militar general hacia cualquier país o movimiento que se niegue a someterse al dominio estadounidense.

Se plantea entonces una pregunta: ¿por qué la Casa Blanca recurre a la alternativa militar? ¿Por qué militariza la política exterior para obtener resultados favorables ante una oposición firme? La respuesta reside en parte en que Estados Unidos ha perdido casi toda la influencia económica que sí ejercía anteriormente y le permitía derrocar o someter a los gobiernos rivales.

La mayor parte de las economías asiáticas y latinoamericanas han alcanzado cierto grado de autonomía. Otras no dependen de las organizaciones económicas internacionales donde Estados Unidos ejerce influencia (FMI, Banco Mundial), pues obtienen préstamos comerciales.

La mayoría han diversificado sus pautas comerciales y de inversión y han ahondado en otros vínculos regionales. En algunos países, como Brasil, Argentina, Chile o Perú, China ha sustituido a Estados Unidos como principal socio comercial. La mayor parte de los países ya no busca la «ayuda» estadounidense para estimular el crecimiento, sino que trata de forjar iniciativas conjuntas con empresas multinacionales, a menudo radicadas fuera de Norteamérica.

Washington ha recurrido cada vez más a la opción militar hasta el punto de que retorcer el brazo económico de los países ha dejado de ser una herramienta efectiva para garantizar la obediencia. Washington ha sido incapaz de reconstruir sus instrumentos de palanca económica internacionales hasta el extremo de que la élite financiera estadounidense ha vaciado al sector industrial del país.

Los fracasos diplomáticos estrepitosos derivados de su incapacidad para adaptarse a las transformaciones fundamentales del poder global también han impulsado a Washington a abandonar las negociaciones políticas y comprometerse con la intervención y la confrontación militares.

Los legisladores estadounidenses todavía viven congelados en las décadas de 1980 y 1990, la época de apogeo de gobernantes clientes y saqueo económico, cuando Washington recibía respaldo mundial, privatizaba empresas, explotaba la financiación de la deuda pública y apenas encontraba obstáculos en el mercado internacional.

A finales de la década de 1990, el auge del capitalismo asiático, las revueltas masivas contra el neoliberalismo, el ascenso de regímenes de centro-izquierda en América Latina, las reiteradas crisis económicas, las grandes caídas de los mercados de valores de Estados Unidos y la Unión Europea y el aumento de los precios de las mercancías desembocó en una reordenación del poder global.

Los esfuerzos de Washington por desarrollar políticas en sintonía con las décadas anteriores entraban en conflicto con la nueva realidad de la diversificación de los mercados, las potencias emergentes y los regímenes políticos relativamente independientes vinculados a nuevas masas de electores.

Las propuestas diplomáticas de Washington de aislar a Cuba y a Venezuela fueron rechazadas por todos los países latinoamericanos. Se rechazó la tentativa de reactivar acuerdos de libre comercio que privilegiaran a los exportadores estadounidenses y protegieran a sus productores no competitivos. El régimen de Obama, decidido a no reconocer los límites del poder diplomático imperial ni a moderar sus propuestas, recurrió cada vez más a la opción militar.

La lucha de Washington por reafirmar el poder imperial a través de una política intervencionista no ha dado muchos mejores resultados que sus iniciativas diplomáticas. Los golpes de Estado respaldados por Estados Unidos en Venezuela (2002) y Bolivia (2008) fueron derrotados por la movilización popular masiva y la lealtad del Ejército a los regímenes vigentes.

Asimismo, en Argentina, Ecuador y Brasil, los regímenes post-neoliberales respaldados por las élites industriales, mineras y del sector agrícola exportador y por las clases populares lograron hacer retroceder a las élites pro-estadounidenses neoliberales arraigadas en la política de la década de 1990 y anteriores.

La política de desestabilización no consiguió desplazar la construcción de políticas exteriores relativamente independientes de esos nuevos gobiernos, que se negaron a regresar al viejo orden de la supremacía estadounidense.

Donde Washington ha recuperado terreno político con la elección de regímenes políticos derechistas, lo ha conseguido gracias a su capacidad de aprovecharse del «desgaste» de la política de centro-izquierda (Chile), el fraude político y la militarización (Honduras y México), la decadencia de la izquierda popular nacional (Costa Rica, Panamá y Perú) y la consolidación de un Estado policial enormemente militarizado (Colombia).

Estas victorias electorales, sobre todo en Colombia, han convencido a Washington de que la alternativa militar, unida a la intervención y la explotación profundas de los procesos electorales abiertos, es el modo de frenar el giro a la izquierda en América Latina; sobre todo en Venezuela.

La política estadounidense hacia Venezuela: Aunar tácticas militares y electorales

Los esfuerzos de Estados Unidos para derrocar al gobierno democrático del Presidente Chávez adoptan muchas de las tácticas ya aplicadas contra adversarios democráticos anteriores. Entre ellas se encuentran las incursiones en las fronteras de fuerzas militares y paramilitares colombianas semejantes a los ataques transfronterizos de la «contra» financiada por Estados Unidos para debilitar al gobierno sandinista de Nicaragua en la década de 1980.

La tentativa de cercar y aislar a Venezuela se asemeja a la política llevada a cabo por Washington en la segunda mitad del siglo pasado contra Cuba. La canalización de fondos hacia grupos, partidos políticos, medios de comunicación y ONG opositores a través de agencias estadounidenses y fundaciones «ficticias» es una reedición de la táctica empleada para desestabilizar al gobierno democrático de Salvador Allende en Chile entre los años 1970-1973, al de Evo Morales en Bolivia entre los años 2007-2010 y a muchos otros gobiernos de la región.

La política de Washington de acometer múltiples vías está orientada hacia una escalada de la guerra de nervios a base de intensificar incesantemente las amenazas para la seguridad. Las provocaciones militares, en parte, son una «prueba» de los dispositivos de seguridad de Venezuela concebida para sondear los puntos débiles de su defensa terrestre, aérea y marítima.

Este tipo de provocaciones también forma parte de una estrategia de desgaste, cuyo objetivo es obligar al gobierno de Chávez a poner a sus tropas defensivas en «alerta» y movilizar a la población para, a continuación, reducir provisionalmente la presión hasta el próximo acto de provocación. La intención es desautorizar las alusiones constantes del gobierno venezolano a las amenazas con el fin de debilitar la vigilancia y, cuando lo permitan las circunstancias, asestar el golpe oportuno.

La acumulación militar de Washington en el exterior está concebida para intimidar a los países del Caribe y América Central que pudieran tratar de establecer relaciones económicas más estrechas con Venezuela. La demostración de fuerza también está concebida para fomentar la oposición interna a las acciones más agresivas. Al mismo tiempo, la actitud de confrontación se dirige contra los sectores «débiles» o «moderados» del gobierno chavista que están ansiosos e impacientes por la «reconciliación», aun pagando el precio de realizar concesiones sin escrúpulos a la oposición y al nuevo régimen colombiano del Presidente Santos.

La presencia militar creciente está concebida para ralentizar el proceso de radicalización interna y para evitar el fortalecimiento de los lazos cada vez más estrechos de Venezuela con Oriente Próximo y otros regímenes contrarios a la hegemonía estadounidense. Washington está apostando a que una escalada militar y una guerra psicológica que vincule a Venezuela con movimientos insurgentes revolucionarios como la guerrilla colombiana desembocarán en el distanciamiento de los aliados y amigos latinoamericanos de Chávez con su régimen.

Igualmente importantes son las acusaciones sin fundamento vertidas por Washington según las cuales Venezuela alberga campamentos guerrilleros de las FARC, cuya intención es presionar a Chávez para que reduzca el apoyo que presta a todos los movimientos sociales de la región, incluido el de los campesinos sin tierra de Brasil, así como las organizaciones no violentas de derechos humanos y los sindicatos de Colombia.

Washington busca la «polarización» política: Estados Unidos o Chávez. Rechaza la polarización política existente hoy día que enfrenta a Washington con el MERCOSUR, la organización para la integración económica en la que junto a Venezuela participan Brasil, Argentina, Uruguay y Paraguay, en sintonía con los pertenecientes a ALBA (una estructura de integración económica en la que participan Venezuela, Bolivia, Nicaragua, Ecuador y algunos otros Estados caribeños).

El factor FARC

Obama y el actual ex Presidente Uribe han acusado a Venezuela de brindar un santuario para las guerrillas colombianas (las FARC y el ELN). En realidad, se trata de una argucia para presionar al Presidente Chávez para que denuncie o, como mínimo, reclame que las FARC abandonen la lucha armada con las condiciones impuestas por los regímenes estadounidense y colombiano.

Contrariamente a los alardes del Presidente Uribe y el Departamento de Estado estadounidense, según los cuales las FARC son un residuo decadente, aislado y vencido del pasado como consecuencia de otras campañas contrainsurgentes victoriosas, un estudio de campo minucioso realizado por un investigador colombiano, “La guerra contra las FARC y la guerra de las FARC”, demuestra que en los dos últimos años la guerrilla han consolidado su influencia en más de un tercio del país, y que el régimen de Bogotá controla solo la mitad del país.

Después de sufrir derrotas importantes en 2008, las FARC y el ELN han avanzado de forma sostenida durante los años 2009 y 2010 causando más de 1.300 bajas militares el año pasado y, seguramente, casi el doble este año (La Jornada, 8 de junio de 2010). El resurgir y el avance de las FARC revisten una importancia fundamental en lo que se refiere a la campaña militar de Washington contra Venezuela.

También reflejan la posición de su «aliado estratégico»: el régimen de Santos. En primer lugar, demuestran que, pese a los más de 6.000 millones de dólares de ayuda militar estadounidense a Colombia, su campaña contra la insurgencia para «exterminar» a las FARC ha fracasado. En segundo lugar, la ofensiva de las FARC abre un «segundo frente» en Colombia, lo que debilita toda tentativa de emprender la invasión de Venezuela utilizando Colombia como «trampolín».

En tercer lugar, ante una lucha de clases interna cada vez más intensa, es probable que el nuevo Presidente Santos trate de aliviar las tensiones con Venezuela con la esperanza de reubicar tropas destacadas en la frontera con su vecino para destinarlas a la lucha con la creciente insurgencia guerrillera. En cierto sentido, a pesar de los recelos de Chávez contra la guerrillas y los llamamientos expresos para poner fin a la lucha guerrillera, el resurgir de los movimientos armados seguramente es un factor fundamental para debilitar las perspectivas de una intervención encabezada por Estados Unidos.

Conclusión

La política de múltiples vías de Washington encaminada a desestabilizar al gobierno venezolano ha sido contraproducente en general, ha sufrido fracasos importantes y cosechado pocos éxitos.

La línea dura contra Venezuela no ha conseguido «recabar» ningún apoyo en los principales países de América Latina, con la excepción de Colombia. Ha aislado a Washington, no a Caracas. Las amenazas militares quizá hayan radicalizado las medidas socioeconómicas adoptadas por Chávez, no las han moderado. Las amenazas y acusaciones procedentes de Colombia han fortalecido la cohesión interna en Venezuela, excepto en el núcleo duro de los grupos de oposición. También han llevado a Venezuela a mejorar sus servicios de inteligencia, policía y operaciones militares.

Las provocaciones de Colombia han supuesto una ruptura de relaciones y un descenso del 80 por ciento del comercio transfronterizo multimillonario, dejando en la quiebra a infinidad de empresas colombianas, a las que Venezuela sustituye con importaciones agrarias e industriales procedentes de Brasil y Argentina. Los efectos de las medidas para intensificar la tensión y la «guerra de desgaste» son difíciles de ponderar, sobre todo en términos del impacto que hayan podido causar sobre las próximas elecciones legislativas del 26 de septiembre de 2010, de crucial importancia.

Sin duda, el fracaso de Venezuela a la hora de regular y controlar la afluencia multimillonaria de fondos estadounidenses hacia sus socios venezolanos en el interior han causado un impacto importante en su capacidad organizativa. No cabe duda de que el empeoramiento de la economía se ha dejado sentir en la restricción de gasto público para nuevos programas sociales. Asimismo, la incompetencia y la corrupción de varios altos cargos chavistas, sobre todo en el ámbito de la distribución pública de alimentos, en la vivienda y en la seguridad, tendrán consecuencias electorales.

Es probable que estos factores «internos» influyan mucho más a la hora de dar forma a la distribución del voto en Venezuela que la política de confrontación agresiva adoptada por Washington. Sin embargo, si la oposición pro-estadounidense aumenta de forma sustancial su presencia legislativa en las elecciones del 26 de septiembre (hasta superar un tercio de los miembros del Congreso), tratará de bloquear los cambios sociales y las políticas de estímulo económico.

Estados Unidos redoblará sus esfuerzos para presionar a Venezuela con el fin de que desvíe recursos hacia asuntos de seguridad con el fin de mermar los gastos socioeconómicos que sustentan el apoyo del 60 por ciento más pobre de la población venezolana.

Hasta el momento, la política de la Casa Blanca basada en una mayor militarización y prácticamente ninguna iniciativa económica novedosa ha sido un fracaso. Ha animado a los países latinoamericanos más extensos a acrecentar su integración económica, como atestiguan los nuevos acuerdos aduaneros y arancelarios adoptados en la reunión de MERCOSUR de principios de agosto de este año.

No ha supuesto la disminución de las hostilidades entre Estados Unidos y los países de ALBA. No ha aumentado la influencia de Estados Unidos. En cambio, América Latina ha avanzado en la consolidación de una organización política regional nueva, UNASUR (que excluye a Estados Unidos), bajando de categoría a la Organización de Estados Americanos, a la que Estados Unidos emplea para impulsar sus planes.

Las únicas luces que brillan a lo lejos, por ironías del destino, proceden de los procesos electorales internos. El candidato derechista José Serra está realizando una carrera firme para las próximas elecciones presidenciales brasileñas. En Argentina, Paraguay y Bolivia, la derecha pro-estadounidense se está reagrupando con la esperanza de regresar al poder.

Lo que Washington no logra comprender es que en todo el espectro político que comprende desde la izquierda hasta el centro-derecha, a los dirigentes políticos les espanta el impulso y el fomento estadounidense de la alternativa militar, y se oponen a que constituya el elemento central de la política. Prácticamente todos los líderes políticos tienen recuerdos desagradables del exilio y la persecución del ciclo anterior de regímenes militares respaldados por Estados Unidos.

El autoproclamado alcance territorial del Ejército estadounidense, que opera desde sus siete bases en Colombia, ha ensanchado la brecha existente entre los regímenes democráticos centristas y de centro izquierda y la Casa Blanca de Obama. En otras palabras: América Latina percibe la agresión militar estadounidense hacia Venezuela como un «primer paso» en dirección sur para llegar también a sus países. Junto al impulso hacia una mayor independencia política y la diversificación de los mercados, eso ha debilitado las tentativas diplomáticas y políticas de Washington de aislar a Venezuela.

El nuevo Presidente Santos de Colombia, hecho con el mismo molde derechista de su predecesor Álvaro Uribe, se enfrenta a un dilema espinoso: continuar siendo un instrumento de confrontación militar y desestabilización estadounidense de Venezuela a costa de varios miles de millones de dólares en pérdidas comerciales y aislamiento del resto de América Latina, o aliviar las tensiones e incursiones fronterizas desembarazándose de la retórica de la provocación y normalizando las relaciones con Venezuela.

Si sucede esto último, Estados Unidos perderá la última herramienta de su estrategia exterior de alimentar las «tensiones» y la guerra psicológica. A Washington le quedarán dos opciones: una intervención militar directa y unilateral o financiar una guerra política a través de sus colaboradores en el interior del país.

Mientras tanto, el Presidente Chávez y sus partidarios harían bien en concentrarse en sacar a la economía de la recesión, aplacar la corrupción del Estado y la ineficacia monumental y capacitar a los consejos comunitarios y fabriles para que desempeñen un papel más relevante en todos los aspectos, desde el incremento de la productividad hasta la seguridad pública.

En última instancia, la seguridad de Venezuela a largo plazo frente a los tentáculos largos y penetrantes del imperio estadounidense depende de la fuerza de la organización de las agrupaciones de masas que sustentan el gobierno de Chávez.

(*)Traducido por Ricardo García Pérez

Managua. Por Thierry Deronne, Radio La Primerísima. | 20 agosto de 2010

Aldo Díaz Lacayo conoce muy bien el oficio de diplomático. Nos lo hace vivir al narrar los mil y un obstáculos que de Chile a México sufrieron los emisarios de Bolívar en su intento de sumar voluntades en pro de la Unión de Repúblicas. Él mismo fue embajador de Nicaragua en México y en Venezuela, entre múltiples misiones asumidas en defensa de la Revolución sandinista. Presidente de la Academia de geografía e historia, ex vicepresidente de la Sociedad Bolivariana, ex secretario general del Comité Morazánico, el historiador no se deja cegar por la neblina mediática. Como si siguiera en la montaña junto con Ramón Raudales y Carlos Fonseca, buscando la senda entre el aplastamiento de la revolución guatemalteca por los EEUU (1954) y la Revolución cubana. Hoy desde su librería “Rigoberto López Pérez” y desde la editorial ALDILÁ(***) el guerrillero Díaz Lacayo dispara contra la amnesia dominante. Sus cartuchos son el estudio de la Historia y la publicación de libros como herramientas de formación ideológica.

Thierry Deronne – Después de “El congreso anfictiónico” (2001) que muchos consideran como el más avanzado estudio sobre el tema, ¿qué fue lo que lo motivó a publicar en julio 2010 “la Segunda independencia” y a dedicarlo a “la Escuela de Cuadros del Frente Sandinista de Liberación Nacional”?

Aldo Díaz Lacayo – La idea fundamental es contribuir a la batalla de las ideas, en varios frentes. El primer frente es demostrar que nada de lo que está pasando actualmente es fortuito. Todo tiene un origen histórico. Todo tiene como origen las luchas por la primera independencia. La segunda idea fundamental es que el ALBA es la reproducción del núcleo “Colombia” (NDR.: la cual agrupaba históricamente a Panamá, Colombia, Ecuador y Venezuela). La tercera idea es consecuencia de la segunda: la relación de Venezuela con los miembros del ALBA no es una relación bilateral, es una relación unitaria. Como si fuera un Estado, un solo Estado que yo llamo el Estado-Región. La cuarta idea es demostrar que la visión de Sandino coincide plenamente con la visión de Bolívar. Pongo como anexo los dos documentos fundamentales: el de Bolívar, que son todos los instrumentos del Congreso Anfictiónico. Y el de Sandino que es el Plan de realización del supremo sueño de Bolívar. Para que el lector los compare y se dé cuenta de que son iguales.

En este libro explico también cómo se da la independencia de Centroamérica en relación con México ¡Y explico que nunca nos independentizamos en Centroamérica! Así se explica porque tenemos esta situación aquí: nunca nos independentizamos. Nunca hubo movimiento independentista en Centroamérica. Por supuesto que hubo personajes que se lanzaron pero nunca cuajó en la base. Nunca. Esto explica porque Centroamérica siempre va a la zaga de cualquier movimiento. Esto explica, también lo cuento en el libro, porque Nicaragua siempre ha sido la oveja negra de Centroamérica. Desde la independencia con Sandino que fue un ejemplo extraordinario, después con la revolución que fue otro ejemplo extraordinario, y ahora con el gran esfuerzo que está haciendo Daniel. Me gustaría que se conozca el libro en Venezuela donde pasé tres años y pico de embajador, ahí he conocido gente que ahora es enemiga del gobierno, como lo explico ahí es increíble que gente que asumía a Bolívar hoy lo denostan, como lo denostaba Santander o como lo denostaban los peruanos. ¡Una vulgaridad! Yo estoy comprometido con la idea de rescatar el pensamiento unitario de Bolívar. Pero cuando uno dice “pensamiento unitario de Bolívar”, piensa en una unidad circunstancial y no en una unidad estratégica. Y estoy interesado en demostrar que es una unidad estratégica, una unidad geopolítica…

T.D. – … lo que él llamaba “el equilibrio del mundo”.

A.D.L. – Si. Quiero demostrar que la idea de Bolívar, a pesar de que él tenía una visión estratégica global, me estoy refiriendo de América entre si y de América frente al mundo, a pesar de eso se dio cuenta de que no había que esperar a lograr el triunfo en toda la región. Entonces tiene la idea, no sé si una idea deliberada, meditada, preconcebida, o un chispazo inconsciente, de la fundación de Colombia. Colombia es el núcleo. Y el ALBA es el núcleo. Entonces hay una sinonimia entre Colombia y el ALBA. ¡Pero nadie entiende el ALBA en esa forma! Estoy empeñado en demostrar que el ALBA es eso, el núcleo y que ese núcleo hay que institucionalizarlo igual que Bolívar institucionalizó Colombia. Explico que Bolívar recurrió a tres figuras: a la figura de la República que fue Colombia; a la figura de un congreso que fue el Congreso Anfictiónico; y a la figura de una confederación que nunca logró pero que dejó perfectamente bien delineada en una carta que escribe a Sucre. Entonces yo digo: ¡hagamos cualquiera de las tres cosas pero hagámoslas ya! Porque de lo contrario se interpreta que la relación de Venezuela y los demás países del ALBA es una relación bilateral y no una relación multilateral, no una relación de Estado. Entonces yo propongo crear un nuevo Estado que llamo Estado-Región. Y explico que hay que sustituir el derecho internacional americano por el derecho nacional americano. Porque el derecho internacional americano es una creación de los EEUU en beneficio de los EEUU.

T.D. – “Panamericanista”…

A.D.L. Claro. Yo no sé si estoy loco o si estoy en lo cierto, verdad, pero estoy haciendo un esfuerzo especial. En Nicaragua, especialmente a partir del momento en que presenté este libro en la Escuela de Cuadros, es probable que algunos cuadros lo lean y actúen como factor multiplicador. También se lo mandé a Daniel que puede ser factor multiplicador. Daniel es como Chávez: lee todo. Es un lector infatigable. Economía, política, sociología, está al tanto de las obras de Stieglitz, lo que pasa es que no tiene la personalidad de Chávez. Que Chávez tiene una personalidad arrolladora, es un huracán. Daniel no, Daniel es más tranquilo. Es también un huracán pero un huracán que tiene una velocidad sobre si mismo más lenta. La velocidad de traslación es más fuerte pero sobre sí mismo es más lenta.

T.D. La incidencia del historiador sería: ayudar a evitar los errores del pasado y anunciar la visión estratégica, superar el cortoplacismo, adelantarse a los tiempos.

A.D.L. – Exactamente, este es el problema. Suelo explicarlo gráficamente: la Historia tiene un sentido estructural que es positivo, progresivo, interminable, la Historia nunca se termina. Con sus distintos estadios históricos… qué sé yo: del feudalismo al capitalismo, y ahora estamos luchando por el socialismo. Por supuesto en esta línea tiene altos y bajos y vuelve a recuperarse… Pero la coyuntura es exactamente al revés: la coyuntura es un caos. Nadie la puede ver, y es muy difícil que dentro de la coyuntura se vea la parte estructural de la historia. Y eso solamente lo pueden ver los líderes. Solamente lo pueden ver Fidel, Daniel, Chávez, ellos lo ven pero el común de los mortales no lo ve. Ni siquiera los historiadores lo ven. Porque los historiadores están acostumbrados a narrar la coyuntura. Los historiadores no están acostumbrados a analizar la coyuntura en función de la estructura. Es lo que yo hago. Por esto es que somos gente rara… ¿qué está hablando éste? En la Escuela de Cuadros estoy haciendo conciencia de que dentro del caos subyace la tendencia estructural de la Historia y que esto es lo que hay que descubrir y por esto es que hay que seguir a Chávez, a Daniel, a Fidel, porque son los que lo descubren, tan sencillo como eso.

T.D. – Si hablamos de esta capacidad de ver, ¿qué fue lo que vio Carlos Fonseca?

A.D.L. – Carlos tiene casi todas las virtudes de los líderes. Todas. Casi. La primera gran virtud de un líder, que la tiene Carlos, es la claridad de proyectarse hacia el futuro y de ver el triunfo. No importa el costo. No importa el plazo. Los líderes piensan en función de los objetivos, no en función de los plazos. Siempre ponderan las dificultades, los escollos para ver cómo los van venciendo. Pero no se preocupan tanto por el plazo. Esto no quiere decir que no luchen por lograr el objetivo en el menor plazo posible. Pero el plazo no los obnubila. La segunda virtud de los líderes es que tienen claro que la acción de liberación es una acción colectiva, no una acción individual. Esa virtud la tenía Carlos. Ningún líder actúa por sí mismo. Ningún líder se cree conductor del pueblo sino producto del pueblo. Todos los líderes saben que ellos emergen como producto de la lucha popular. No la dirigen. En el sentido de crear la dirección de la lucha. Hay una tercera virtud de los líderes, que también la tenía Carlos: emergen porque asumen la lucha popular. Pero una vez que asumen la lucha popular tienen tres virtudes que son consecuencia de asumir la realidad.

La primera es que pueden percibir nítidamente cuales son las demandas populares básicas. Las pueden formular en palabras sencillas. Además pueden percibir que debajo de estas demandas populares hay una contradicción fundamental, una contradicción antagónica. Y la pueden descubrir. La tercera consecuencia de asumir la lucha es que, una vez que descubren las demandas, que las definen, que encuentran la contradicción estructural, son capaces de proyectar, ahí está, la última cualidad de líder. Son capaces de proyectar la lucha a un plazo y a un nivel cualitativo infinitamente mayor y el pueblo se entusiasma con ese objetivo de largo plazo. Eso también lo tenía Carlos. Además Carlos descubre en el caso concreto, tres problemas que son comunes a todos los líderes y cuya forma es particular de cada país. Uno, después de ocho años se da cuenta de que no es posible orientar la lucha popular desde afuera. En América Central, durante todo el siglo XIX, y la mitad del siglo XX, lo normal era que los grupos que interpretaban la lucha popular se constituyeran desde afuera, se armarán afuera e invadieran, es lo que llamamos la tesis “invasionista”. Carlos después de ocho años descubre que esa tesis no funciona y la hace a un lado. Y después de ocho años dice: “la lucha es desde adentro”. Si queremos capitalizar las luchas populares, es desde adentro. Y eso es lo que hace con Pancasán (1967). A partir de Pancasán nunca más se piensa en invadir. Al final se da la colaboración, la solidaridad pero ya no como invasión sino como apoyo a la lucha interna. Otra cosa que descubre, él se da cuenta casi inmediatamente, dos años o tres después tal vez, estoy hablando a partir del 59 que es el Chaparral, se da cuenta de que no es posible aplicar los principios universales de la revolución en un país determinado si esos principios universales no se meten en un formato nacional, en un vehículo propio. Porque lo universal, por muy válido que sea, no es asumido por un pueblo en particular. Puede ser asumido por individuos pero no colectivamente por el pueblo. Entonces él descubre que Sandino es el vehículo. Entonces, a partir del vehículo Sandino, el pueblo empieza a entender, ya que no conocía a Sandino fue un proceso muy difícil, porque al descubrir Carlos a Sandino como vehículo, lo rescata y lo divulga. Y en esa doble función de asumirlo como vehículo y de rescatarlo y de divulgarlo, se vuela siete, ocho, diez años. Hay otro elemento que es común a todos los líderes y que Carlos también lo tenía, es que se da cuenta que una vez que se descubre la contradicción fundamental, la contradicción antagónica, no puede plantear la lucha en términos antagónicos. Es una cosa muy interesante: la necesaria unidad nacional como táctica fundamental. Es un proceso muy lento y que logra cuajar al final, en 1975 tal vez, o principios de 1976, con el grupo de los doce. Y está una última virtud: la verdad. Un líder no puede ser líder sino con la verdad. Cuando uno examina los movimientos revolucionarios triunfantes en América Latina, se da cuenta que esas cinco o seis cualidades que he mencionado, están presentes en todos los movimientos. En unos más visibles, en otros menos, dependiendo de las circunstancias históricas, internacionales fundamentalmente. Por ejemplo la revolución cubana desde siempre fue cubana, como lo declara Fidel en su discurso “La Historia me absolverá”: “el verdadero autor intelectual de la revolución es Martí”. Sin embargo ese martianismo no se expresa con claridad porque el entorno internacional de la Guerra Fría le obliga a tomar un partido que deja aparentemente a un lado a Martí pero que en realidad no lo deja, yo lo explico en este libro y cuando desaparece la contradicción Este-Oeste en el sentido de polos ideológicos y de polos militares de poder, ¿qué hace Fidel? Regresa. Y ahora que no tiene ningún cargo oficial, que solo tiene el cargo partidario, se expresa en los mismos términos que nos expresamos todos nosotros. Y se convierte otra vez en el faro de la lucha de América Latina y del Caribe al grado de exponer la tesis más revolucionaria del mundo que yo haya oído en mis 74 años: nadie va a ganar la guerra. Ni el imperio ni nosotros la van a ganar por las armas. La vamos a ganar por las ideas. ¡Eso es lo más revolucionario del mundo!

T.D. –…porque implica la participación colectiva…

A.D.L. – … colectiva. Este libro mío quisiera que fuera un aporte a esta batalla de las ideas. Entonces, ¿Por qué Carlos no logra permanecer y muere? La muerte es un accidente, ya lo sabemos. Pero normalmente los líderes se cuidan mucho para evitar ese accidente. Hay un problema que no está estudiado pero que yo lo reflexiono mucho. El entorno inmediato del liderazgo colectivo no tuvo la cohesión suficiente y hubo dentro de ese entorno inmediato cuestionamientos al liderazgo de Carlos. Ahí está el problema. Cosa que no se da con Daniel, cosa que no se da con Fidel, cosa que no se da con Chávez, cosa que no se da con Correa, menos, que no se da con Evo, entonces ese fue el problema creo yo, esa es parte de mi reflexión. No tengo todavía una conclusión, todavía no lo puedo escribir, pero lo medito y lo reflexiono y lo vuelvo a meditar y estoy llegando a la conclusión cada vez más convincente, de que no había una relación unitaria, indisoluble, tanto a nivel emocional como a nivel racional, a nivel en consecuencia de conciencia, no había esa cohesión, entre el dirigente y el colectivo. Porque el dirigente parte del colectivo, ya lo sabemos. Pero el colectivo finalmente requiere la unidad y esa unidad se expresa en alguien. Que parte del colectivo pero que se expresa en alguien.

T.D. – Hablamos de una nueva generación que no conocía directamente a Carlos y casi lo descubre como líder cuando regresa de Cuba en el 75…

A.D.L. – Si ahí estuvo el problema. ¿Era un problema propio, era un problema colectivo, era un problema de habilidad, era un problema de visión? no lo puedo definir todavía pero si sé que ese fue el problema. Ese elemento le faltó al liderazgo de Carlos. La última realidad histórica que no se puede omitir, que no se puede soslayar, es que la relación liderazgo-pueblo es dialéctica y mientras la dialéctica permite la unidad, la unidad no se rompe. Y de que depende eso, de lo que decía Lenin, de las condiciones materiales. Entonces un liderazgo que es capaz de estar analizando las condiciones materiales, e ir cambiando en función de los cambios de las condiciones materiales, ese liderazgo permanece y debe de permanecer. Y para que deba de permanecer hay que asumir conscientemente de que matar al líder es el objetivo número uno del enemigo. Matarlo. El objetivo global es destruir el movimiento. Pero destruir el movimiento es cada día más difícil para el enemigo porque el movimiento cada día va profundizando sus raíces. Entonces ese objetivo fundamental se trastoca. Por eso es que hay que cuidar al líder. Otra virtud extraordinaria de Carlos: se da cuenta de que hay que preparar a los cuadros en el sentido de la revolución marxista. Y los prepara a todos. Y se da cuenta de que la mejor forma de preparar a los cuadros es darles formación política y militar simultáneamente.

T.D. – Su primer encuentro personal con Carlos remonta a los años 59, a las primeras guerrillas que rompen con la noche del somocismo…

A.D.L. – El primer contacto se da en El Chaparral, entonces Carlos no tenía ninguna experiencia militar, ninguna.

T.D. – ¿era el muchacho que cargaba un fusil más pesado que él como lo pintan a veces?

A.D.L. – Yo te voy a contar lo que pasó. Él llega tardíamente al campamento. Quien dirigía la acción militar del Chaparral, Rafael Somarriba, había estado en servicio en Matagalpa. Lo conocían todos los matagalpinos. Imagínate tu como era Matagalpa en 1945, 46. Debe haber sido un pueblito de veinte mil habitantes. Todos lo conocían. Y en esa época Carlos tenía diez años. Y Carlos era compañero de las hermanas de la novia de Rafael que años después fue su mujer. De modo que todos se conocían: Carlos, Baldizón, todos los matagalpinos. Entonces cuando llegó Carlos al campamento Rafael le dijo que no convenía que él fuera con nosotros porque era muy miope. Pero Carlos tenía esa visión y decidió continuar. Nosotros estábamos en una hondonada. Una posición militar fatal, fatal, que se explica porque Rafael tenía mucha confianza en la palabra del presidente de Honduras Villa Morales que le había dicho: “no te vamos a atacar”. El problema es que Rafael no sabía, porque no tenía experiencia en la realidad política de Centroamérica, de quien mandaba en Honduras era el ejército, no el presidente. Como yo ya tenía mucha experiencia, había andado con Raudales casi año y medio, me puse en una posición alta. No me puse en la hondonada. Carlos se quedó en la hondonada. Entonces me mandó a preguntar, ese es el primer contacto con él, es cuando me manda a preguntar que si no estamos corriendo mucho riesgo ahí, militarmente hablando. Yo le respondo que sí. Yo le respondo que nos van a atacar. Y finalmente nos atacaron. Él queda herido, nosotros quedamos ilesos. Los ilesos nos vamos a un cuartel militar como cárcel, los heridos al hospital. Y a partir de entonces se desarrolla entre los heridos un sentimiento de…, quiero buscar la palabra correcta porque quiero ser muy justo, un sentimiento de ubicar la responsabilidad del fracaso en la mala conducción de Somarriba. Incluso algunos llegan a hablar de traición. Sobre todo los políticos que habían perdido la batalla frente al Che, ya que fue el Che que decidió que fuera Somarriba. Entonces esos políticos empiezan a estimular esa idea entre los heridos, y los heridos compran la idea de la traición. Por la parte nuestra, por la parte de los ilesos, la lucha fue distinta. Para los ilesos el problema era preservar la vida. Garantizar que saliéramos de Honduras para Cuba pero documentados. Porque nos querían ver sin documentos ¡para podernos matar! Y con el apoyo de México logramos salir documentados. Entonces nosotros llegamos antes a la Habana que los heridos. Y actuamos más o menos como grupo. Los heridos llegan después. Nosotros llegamos a fines de junio, a principios de julio y ellos llegan a fines de julio, principios de agosto, no tengo la fecha exacta en la cabeza. Y a mí me toca encontrarme con Carlos. No en literal que lo recibí en el aeropuerto, no en literal, sino que soy el encargado de encontrarme con él. Por varias razones. Somos de la misma generación, exactamente. Él era mayor que yo, de tres o cuatro meses. Y ambos teníamos una experiencia de lucha de algunos años. La mía desde 1956. La de él probablemente desde 1954. La de él interna, la mía externa. Nos complementábamos. Entonces yo me encuentro con él. Y la primera gran discusión es El Chaparral. Era obvio. Y tenemos dos o tres encuentros. Yo defendiendo la posición de que no había ninguna responsabilidad más allá de la ingenuidad de creer que la palabra del Presidente de Honduras era la palabra del Estado. Y él nunca aceptó del todo mi tesis pero aunque perseveró en la tesis de la posible traición, vistas las cosas en retrospectiva, me parece que mis encuentros con Carlos lo llevaron a reflexionar sobre el tema. Me parece, digo, por una razón extraordinaria, que es otra virtud de los líderes que ya mencioné: la verdad. En 1960, primer aniversario del Chaparral, él escribe una carta al Profesor Edelberto Torres. Y dice que el problema del Chaparral es que el movimiento político nicaragüense no había madurado, que no había que culpar a nadie. ¡Ese era Carlos! Yo tengo la carta.

T.D. – Muchos años después al analizar la carta-testamento de Rigoberto López Pérez Carlos subraya la frase “para tratar de lograr que Nicaragua vuelva a ser (o lo sea por primera vez) una patria libre”. ¿Cuál era la Nación de Carlos Fonseca?

A.D.L. – Es una buena pregunta y te la voy a responder no en función de Carlos sino en función de la juventud y después vamos a ver a Carlos. Nuestra juventud coincide con el final de la revolución guatemalteca: los últimos años y la agresión norteamericana contra la revolución guatemalteca. Nosotros en consecuencia, los jóvenes de esa época, asumimos la revolución guatemalteca como paradigma de la revolución nicaragüense. Sin saberlo, por lo menos, yo, no lo sabía, ahora en retrospectiva lo sé, adoptamos una actitud democrático-burguesa. Probablemente Carlos no. Porque él desde el 1954 está metido en el marxismo. ¿Ahora es posible que Carlos, aun estando metido, iniciándose en el marxismo, hubiese llegado a asumir la revolución guatemalteca como paradigma? Si es posible. Porque las condiciones de Nicaragua eran condiciones muy cerradas. Una dictadura brutal, absoluta, totalizadora. Después viene la revolución cubana. Y la revolución cubana nos agarra a nosotros con veintitrés años. Yo 22 y medio, Carlos un poquito más. Y a partir de entonces somos los jóvenes los que asumimos el cambio de paradigma de la revolución democrático-burguesa a la revolución de orientación socialista. Carlos estaba más avanzado que nosotros en términos de preparación teórica alrededor del marxismo, no sé si el leninismo, pero el marxismo sí. Nosotros teníamos una preparación menor, básicamente por nuestros diálogos bilaterales con los comunistas mayores. Éramos propensos nosotros obviamente a la idea de una revolución radical pero sin tener idea de que fuera marxista aunque estas interlocuciones nos orientaban hacia eso. Entonces después del Chaparral, Carlos se inicia cien por ciento en el proyecto de un Estado revolucionario. Cuando digo cien por ciento, hablo de la voluntad no de la formación intelectual. Y esta voluntad lo lleva a profundizar en el estudio del marxismo-leninismo. Primero en Casa de las Américas, luego en Costa Rica. Este estudio lo lleva a preparar a los cuadros en el sentido de la revolución marxista. ¡Y los prepara a todos! Y se da cuenta de que la mejor forma de preparar a los cuadros es darles formación política y militar simultáneamente. Por eso se van algunos a Corea, otros a Cuba, después cuando en Cuba todos se dedican a la zafra de los diez millones y se cierra el apoyo de la formación, entonces se van para Palestina, pero lo importante es que la formación ideológica y la formación militar van juntas, virtud de Carlos. De manera que cuando él llega a Pancasán, a mí en lo personal no me cabe ninguna duda de que su proyecto de Estado es un Estado socialista.

T.D. – ¿Cual es la primera imagen de Carlos que aflora en su memoria?

A.D.L. – Serio. Estudioso. Reflexivo. Terco. Fraternal.

(**) Thierry Deronne es periodista venezolano.

(***) Librería “RIGOBERTO LÓPEZ PÉREZ”, Centro Comercial Managua, MANAGUA, Teléfono: (505) 22772240, aldilaeditor (at) yahoo.com

Nunca en la historia la población de Iberoamérica (España, Portugal y América Latina) había sido tan joven, “y las perspectivas de desarrollo tan pocas”.

La advertencia es clara: 150 millones de jóvenes de Iberoamérica se encuentran en los bordes del desencanto, desaliento y desinterés ante la ausencia de “un panorama alentador” en la región.

En un informe demoledor, la Organización Iberoamericana de la Juventud (OIJ) señala que “la inexistencia de políticas sociales dirigidas específicamente a esta masa de jóvenes” permite hablar ya casi en términos de “la juventud perdida de Latinoamérica”.

Ciento cinco millones de estos jóvenes están esparcidos en el ‘Continente de la Mancha’ (Latinoamérica, red.) con muy pocas perspectivas de empleo bien remunerado, acceso a la educación, “inmersos en el escepticismo” y “sin una mano que les ayude en su futuro”.

Eugenio Ravinet, Secretario General de la Organización Iberoamericana de la Juventud, explica que “los indicadores sobre apego a la democracia son bastante frágiles en Iberoamérica, particularmente en América Latina. No son pocos, incluso en algunos casos alcanzan el 40 por ciento los jóvenes que preferirían otro sistema “alternativo a la democracia,” con tal de tener una mayor seguridad laboral, económica o de desarrollo”.

en Iberoamérica: tendencias y urgencias’, elaborado por la OIJ y CPEAL, la situación laboral de los jóvenes iberoamericanos se ha deteriorado, al sumarse al desempleo la concentración creciente de cesantía juvenil en los sectores de baja productividad y la caída de los ingresos laborales medios, además de empleos precarios. En otras palabras, la crisis económica mundial ha empezado a clavar sus dientes sobre este grupo altamente vulnerable.

Por otra parte, la persistencia de un crecimiento económico con desigualdad sigue haciendo complicada la tarea de generar el volumen de empleos nuevos que se requieren para erradicar la transmisión intergeneracional de la pobreza.

El Informe de la Oficina Regional del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) sobre la evolución de la desigualdad, ha confirmado recientemente que a pesar de los escasos avances en la década, en Latinoamérica la desigualdad sigue siendo casi 20% mayor que la del África subsahariana, 37% más que la del este de Asia y 65% más que la del conjunto de los países desarrollados.

Pablo Gámez: En Iberoamérica hay cerca de 150 millones de jóvenes, de los cuales el 45% -unos 68 millones- está en paro. Unos 105 millones están en América Latina. Usted dice que “estos jóvenes son invisibles para la sociedad”. Mas que una frase, es una realidad nada alentadora….

Eugenio Ravinet: Las cifras demuestran que la preocupación que deberíamos tener por los jóvenes es urgente, absolutamente necesaria y lo más seria posible. Deben plantearse soluciones alternativas, sobre todo explorar y conocer los problemas que está enfrentando la juventud hoy en día en cada uno de los países Iberoamericanos. La cantidad de jóvenes que hoy día hay en el continente es la que nunca más habrá en la historia. Por lo tanto, si dejamos de atender como corresponde a esas personas, los problemas que van a enfrentar ellos con el tiempo van a ser mucho más difíciles y complejos.

Pablo Gámez: ¿Cómo es posible que a pesar de hablarse tanto sobre un continente de rostro joven, no se haya llegado al punto de crear políticas sociales dirigidas específicamente a este enorme segmento de la población iberoamericana?

Eugenio Ravinet: En Iberoamérica las políticas sociales han ido de un lado al otro. Una década han estado focalizadas en una cosa, en la siguiente década en otra; recién ahora se está comenzando a tener una mirada más integral de la política social, es decir, integrando el complejo recorrido vital que tiene el ser humano, desde la infancia hasta la tercera edad. Por tanto, hoy recién comienzan a aparecer los jóvenes en la mira de los tomadores de decisiones y de quienes construyen políticas públicas. Como usted lo dice, sin duda hasta este minuto más han sido los discursos sobre la juventud que las acciones útiles y concretas en su favor.

Pablo Gámez: ¿Estas cifras que mencionábamos al principio de nuestra conversación, son una alerta o ya nos advierten que estamos ante una enorme masa joven sin perspectivas?

Eugenio Ravinet:
Es una alerta muy importante, una alarma muy roja sobre los problemas que podemos enfrentar en poco tiempo más si a esas personas jóvenes no les damos herramientas para que puedan desenvolverse en su vida. Si nosotros pensamos que la ausencia de capital humano, la mala calidad de educación, la poca formación que ellos puedan tener, tienen consecuencias directas sobre el crecimiento del país, la igualdad de oportunidades, seguramente nos vamos a dar cuenta que tenemos que comenzar a trabajar de manera integral y seria con la gente joven, porque es la única forma de poder evitar una catástrofe social; hoy todavía estamos a tiempo de reaccionar.

Pablo Gámez: ¿Cuándo es “en poco tiempo más”?

Eugenio Ravinet: Si no encontramos soluciones laborales concretas, útiles, para la gran masa de desempleados juveniles pero que hoy día están al final de su juventud, o para la gran masa de adultos jóvenes que tienen empleos precarios, dentro de diez años más tendremos los primeros brotes de una crisis social relevante. El problema más importante que enfrentan los jóvenes iberoamericanos, ya sean los que están en Europa o los que están en América Latina, es precisamente su poco acceso al empleo y la precarización de los empleos que se logran conseguir, lo cual no es sostenible en el tiempo, ya que se está postergando el desarrollo de una familia, la construcción de otros proyectos vitales, y eso en el largo plazo genera una frustración que tiene que escapar, ojalá no sea de una manera violenta.

Pablo Gámez: ¿Esta crisis social que usted advierte sería capaz de poner en jaque los sistemas democráticos de la región?

Eugenio Ravinet: Los indicadores sobre apego a la democracia son bastante frágiles en Iberoamérica, particularmente en América Latina. No son pocos, incluso en algunos casos llega hasta el 40 por ciento, los jóvenes que preferirían otro sistema “alternativo a la democracia”, con tal de tener una mayor seguridad laboral, económica o de desarrollo. Particularmente los que han crecido en democracia pero no han podido disfrutar de esa bonanza que la democracia les podía dar, pueden de alguna forma ser un elemento de la desestabilización de la democracia; pueden dar pie a populismos, espacios demagógicos, para partidos poco democráticos con propuestas xenófobas, porque ésa es la primera respuesta política a la frustración social.

Pablo Gámez: De atender su análisis, estamos hablando del año 2020 antes de enfrentarnos a una embrión de crisis social poderoso dentro de la juventud iberoamericana. Es decir: tenemos dos periodos presidenciales más. ¿Confía usted que los gobernantes del hemisferio tengan ante este panorama la suficiente visión para revertir este cuadro actual y apostar por políticas sociales?

Eugenio Ravinet: He estado a cargo de las políticas de juventud iberoamericanas, acompañé a los Gobiernos en el desarrollo de las mismas durante los últimos seis años. Y he sido testigo del progreso y los avances que se han tenido en Brasil, por ejemplo (…) He visto el resultado concreto de llevar la esperanza a jóvenes que no tenían ninguna esperanza antes de que aparecieran estas alternativas en su vida. Yo tengo fe que esto se puede revertir (…) América Latina y particularmente sus jóvenes son el récord mundial de muertes violentas en el planeta. Después del África subsahariana, el nuestro es el más alto índice de embarazos de adolescentes, y así podemos seguir con muchas cifras más. Tal vez soy optimista con el 2020, tal vez tengamos ya instalado una crisis social relevante. Pero tengo fe que se puede revertir, soy testigo de ello.

Pablo Gámez: ¿Constituyen las mujeres el grueso de esta población joven del hemisferio?

Eugenio Ravinet: No. Son más o menos la mitad, proporcionalmente hablando.

Pablo Gámez: ¿Pero es el grupo más vulnerable?

Eugenio Ravinet: Efectivamente. Desde el punto de vista de la inclusión/exclusión social, la mujer joven es la más afectada; es la que primero lleva el embarazo adolescente, y después el abandono de la pareja. Hay muchas causas por las que la mujer joven es la más vulnerable en todo esto. El ingreso al mercado de trabajo es más difícil. Si es que ingresa recibe un promedio de renumeración menor al del hombre. La mujer es la más castigada en este contexto.

Pablo Gámez: Y usted en particular advierte sobre “el escepticismo ante la juventud”.

Eugenio Rabinet: Es algo que puede llegar a alcanzar lo que llamamos la anomia juvenil, es decir, perder la esperanza de todo (…) y eso es calvo de cultivo para una serie de problemas sociales y situaciones de exclusión que son las que estamos llamados a corregir.

Pablo Gámez: ¿Esta ausencia de perspectivas hace que esta masa joven sea presa fácil del crimen organizado? ¿Estamos frente a una enorme masa joven sin perspectivas?

Eugenio Ravinet: Sí. En estricto rigor, el promedio de delincuentes en América Latina no ha bajado. No hay una joven administración de la delincuencia. Lo que puede haber es una mayor espectacularidad de ciertos ritos protagonizados por gente joven. Pero todo tipo de situaciones de exclusión social (…) es lamentablemente un incentivo para caer en situaciones de quebrantamiento de la ley. Tengo la convicción de que los jóvenes, si les brindas una oportunidad útil, sin duda están dispuestos a hacer cualquier cosa por buscar su desarrollo en el marco del respeto a las normas de la sociedad. De eso también he sido testigo.

Pablo Gámez: ¿Es aún prematuro hablar de generaciones perdidas?

Eugenio Ravinet:
Todavía no perdemos una generación, pero sí estamos cerca de ello. El tema hay que tomárselo en serio.

OMC: la vida después de Doha

Posted: agosto 19, 2010 in Uncategorized

 

OMC: la vida después de Doha

Umberto Mazzei

Por primera vez, julio pasó sin algún intento fallido en la OMC de forzar acuerdos en la Ronda Doha. Reina plácida tregua. La causa es que por su crisis económica y su creciente desempleo, los EE.UU. no tiene espacio político para pactos comerciales públicos.

Por supuesto, para atribuir la culpa a otros, EE UU pide más apertura de mercado sabiendo que no la puede dar ni conseguir. M. Sun Thenyu, embajador chino ante la OMC, lo dijo en pocas palabras: “EE.UU. es el único miembro que insiste en que estamos lejos de concluir la ronda. Su nueva exigencia es excesiva, tiene alto nivel de ambición, equivale a reiniciar la ronda y es una desviación flagrante del mandato de negociación original.

Después de nueve años de negociaciones, el Director de la OMC, Pascal Lamy, dice que hay consenso sobre el 80% de los asuntos. Se ve que es el otro 20% lo que cuenta. Ese 80% no tiene nada sobre eliminación de subsidios agrícolas, la esencia del mandato de Doha. Estados Unidos aumentó los aplicados y pretende que basta recortar un tope teórico inventado. Tal hipocresía aumenta la desconfianza y socava la voluntad política para un acuerdo.

La lenta negociación en la OMC alimenta comentarios sobre lo que sucedería si la Ronda de Doha se “congela”; porque no habrá el coraje de pronunciarla muerta. Trataremos de analizar como eso afectaría a la OMC y las iniciativas que podrían tomar los países en desarrollo.

Status Quo de la negociación

Desde julio de 2008, se ha avanzado poco. En las reuniones del G-20 financiero, los jefes del mundo ordenan siempre a sus ministros un acuerdo sobre Doha. Es por la belleza del gesto, porque sus declaraciones conjuntas suelen contradecir sus posiciones en la OMC. Cuando en Seúl, en noviembre, los ministros de comercio informen al G-20, no habrá nada que decir.

En Ginebra, las negociaciones prosiguen, técnicamente. El Comité de agricultura tiene una brecha de diez “cuestiones de fondo”, según su Presidente neocelandés, David Walter. En bienes industriales (NAMA), los temas pendientes mas importantes son: los coeficientes de reducción arancelaria y la ampliación a sectores adicionales. En los servicios, nada se mueve desde las ofertas del 2008. En normas – anti-dumping y aranceles compensatorios- hay fuertes diferencias en subvenciones pesqueras. En la revisión de los acuerdos regionales (TLCs de USA / AAEs de UE) sólo hay acuerdo sobre su mecanismo de revisión.

Hasta el 2009, parecía que los “borradores” en los diferentes temas serían la base para una negociación. Desde 2009, cuando fue inaugurado el Presidente Obama, EE.UU. pide más acceso a mercado en agricultura, NAMA y servicios, en particular lo pide de las economías emergentes. Su pretensión es rechazada por todos los miembros. Brasil, China y la India dicen que ya pagaron muy caro el escaso desarrollo contenido en el paquete.

Las cosas se complicaron con tres grandes crisis internacionales: los precios del petróleo, los precios de los alimentos y el colapso de Wall Street. Hay también el “show” de la amenaza climática, que afecta el comercio y el desarrollo. Por último, en EE.UU. se da prioridad a su salud pública, su problema financiero, la migración o sus guerras lejanas y se relegan las cuestiones comerciales, como lo demuestra la falta de una Ley de Autoridad para Promoción Comercial (TPA), indispensable para una negociación comercial creíble.

La solicitud de los Estados Unidos para más apertura de mercado en productos industriales (NAMA) es un engaño, porque la poca industria civil que le queda no es competitiva. En la Agricultura, su ambición de apertura si es muy creíble, porque sus exportaciones subsidiadas acaban con la producción local, crean dependencia y lastiman a China, Brasil, India o Sur África, con mucha población rural pobre. En servicios, la ambición de apertura es para que los servicios financieros sigan causando burbujas globales y destruyendo ahorros.

La cohesión en los grupos de negociación

El debilitamiento de los grupos de negociación es la característica principal de estos dos últimos años. Vamos a dar un vistazo a los grupos más importantes.

El G-20, protagonista en las negociaciones comerciales agrícolas desde 2003, sigue en su lucha contra los subsidios, las flexibilidades para la Caja Azul de EE.UU., los subsidios al algodón, etc., pero es la cuestión del SSM (arancel que frenaría un crecimiento letal de la importación agrícola), divide al G-20 en miembros importadores y exportadores. Ahora sus socios son más individualistas. Brasil es flexible con los EE.UU. y la UE, pero Argentina, India y China se mantienen firmes. Ahora hay fracciones con propuestas propias, como la introducida por Argentina, China e India sobre el tema de la interpretación y las enmiendas al Acuerdo sobre Agricultura.

El G-33[6]HYPERLINK “file:///P:/alaiweb/2010-08/OMC.doc” \l “_ftn6″ representa el 70% de la población rural mundial, 31% de las exportaciones agrícolas y 15% de las importaciones agrícolas mundiales. El G-33 propuso dos medios para proteger a sus campesinos de las exportaciones subsidiadas de EE.UU. y la UE: la lista SP (Productos Especiales) y el SSM (Mecanismo de Salvaguardia Especial). Durante 2009, el G-33 apoyó el SSM, pero en 2010 emitió 7 papeles técnicos algo ambiguos. Como el SSM es rechazado por grandes exportadores (Australia, Canadá y EE.UU.) puede que sea el efecto de presiones sobre las “Economías Pequeñas y Vulnerables”, que es mayoría en el G-33. El SSM es una herramienta muy compleja, que sería inmanejable con los requisitos que piden sus opositores.

El G-90 surgió para aumentar el poder económico de los países pobres y pequeños en hacer cumplir las resoluciones sobre disputas en la OMC. Lo integran el Grupo Africano, los ACP y los PMA, que quieren tener una voz colectiva para los intereses de las economías aisladas que dependen de productos básicos. Sus economías suelen ser agrícolas y por eso quieren eliminar los subsidios a las exportaciones agrícolas y mejorar su acceso a los mercados extranjeros. El G-90 pide una cosecha temprana de las cosas ya maduras en la negociación.


Los PMA son las economías más pequeñas del mundo. Con el 12% de la población mundial, tienen apenas el 0,4% del comercio de bienes y el 0,44% del comercio de servicios (2008). Quieren acceso a los mercados sin aranceles y sin cuotas (DFQF), pero desde julio 2008 hay fisuras internas. No quieren obligaciones en servicios, están en contra de los subsidios al algodón y quieren que sea menos exigente el procedimiento de la adhesión de los PMA. El grupo pide también una cosecha temprana para sus asuntos.

El caso de los 4 del algodón es irritante. Las subvenciones del algodón de EE.UU. matan de hambre a campesinos de cuatro países africanos productores de algodón: Benin, Burkina Faso, Malí y Chad. El acuerdo marco en la OMC del 2004 y la Declaración Ministerial de Hong Kong, del 2005, ordenaron a la OMC que tratase de inmediato el tema del algodón y que los subsidios a la exportación de algodón debían desaparecer para el año 2006. No pasó nada. El “lobby” algodonero norteamericano es poderoso. Estados Unidos firmó ambos, el acuerdo de 2004 y la declaración del 2005, pero dice que no harán nada mientras no haya “avances” en las negociaciones agrícolas de Doha. Brasil ganó en OMC un pleito sobre ese tema, pero EE.UU. ignora el fallo y los brasileños postergan las represalias que le concede.

El grupo ACP quiere eliminar subsidios a la exportación y apoyar su agricultura, pero les gusta la protección arancelaria de la UE, por el acceso preferencial derivado de su pasado colonial. Esas preferencias son erosionadas por la negociación sobre Productos Tropicales, aunque haya 62 líneas arancelarias excluidas de la lista de negociación.

El NAMA 11 lucha con los coeficientes de reducción arancelaria para bienes industriales de la llamada la “fórmula suiza”. Su principio es la “reciprocidad menos que plena”, que permite a los países en desarrollo reducciones arancelarias con un porcentaje de reducción menor que el de los países desarrollados. El grupo se desintegró con las concesiones obtenidas por algunos socios, pero Argentina, Sudáfrica y Venezuela siguen en pie.

G-19 es el último grupo creado. Lo dirige la Unión Europea y sesiona sólo con embajadores titulares. Se reunió en mayo y en julio de 2010. El G-19 trata de rescatar las negociaciones explorando cuestiones generales de manera más transparente. Quiere que EE UU vuelva a negociar para mantener la presencia en el G-20 Financiero. Es notable que no hayan invitado a Pascal Lamy, tal vez para mostrar que es una negociación conducida sólo por miembros.

ALBA

Los países del ALBA pueden tener más fuerza en la OMC, pero hay fallas de coordinación que creo constructivo señalar. Cuba pidió una excepción para alargar los créditos de sus importaciones agrícolas, Venezuela no la apoyó, Bolivia no estaba y Ecuador llegó después. Sólo la apoyó Argentina, que no es del ALBA. Venezuela es conocida por la firmeza con que defiende la soberanía y el desarrollo, pero en OMC escurre el bulto. Propone – sin posibilidad de éxito- abandonar la lucha arancelaria si le dan categoría de “economía pequeña y vulnerable”. Alega que excluyendo su exportación petrolera, pertenece a esa categoría. Astucia tonta, porque implica de todos modos una reducción de aranceles y que de aumentar sus otras exportaciones – algo deseable- deba bajar aranceles al nivel negociado por otros. Uruguay y Costa Rica, que si califican, no aceptan ese rango para mantener un fuerte status negociador.

¿Hay vida sin Doha?

Dejar caer la Ronda de Doha es la mejor solución. Hay tal enredo en el enfoque actual que lo hace opaco y muy difícil de aplicar, en particular para los países en desarrollo que no cuenten con una burocracia especializada. Esto no significa el final de la OMC y hay algunas lecciones que aprender cuando se revisan las razones del fracaso.

Primero. El consenso para la Ronda de Doha se obtuvo con una gran presión de EE.UU., después del ataque al World Trade Centre. Ahora es evidente que una nueva ronda de negociación era prematura, como lo dijo el “Grupo de Afines”, encabezado por India. Ellos insistían en resolver primero los asuntos pendientes de la Ronda Uruguay. Tenían razón.

Segundo. El espíritu de las negociaciones en OMC ignora realidades sobre gobierno y asuntos vitales de política domestica. Las propuestas en OMC tienden a ignorar las realidades nacionales y proponer políticas que abren espacios a los carteles internacionales apátridas.

Tercero. La Ronda Doha se proclamó y aceptó como la “Ronda del Desarrollo”, pero las negociaciones se trabaron precisamente porque no lo era.

Hay actividades urgentes para la OMC, que no se relacionan con Doha y que al ser abordadas ahora ayudarían a su estabilidad institucional y transparencia. He aquí dos sugerencias.

Hay un mandato muy específico de la Conferencia Ministerial del 2001, para resolver 48 “problemas de aplicación” de los acuerdos, que no se ha cumplido. Con sólo ese mandato, hay para mantener bien ocupados a los miembros de la OMC en asuntos de interpretación. En los casos de acusaciones en base a textos dudosos se llevará el asunto al Órgano de Solución de Diferencias de la OMC, porque se trata de acuerdos ya suscritos. Esa es una manera pertinente para hacer frente a los textos sembrados de “ambigüedades creativas ” para obtener consenso en la Ronda Uruguay.

También hay mucho que hacer debatiendo sobre la conformidad de las normas incluidas de los acuerdos comerciales regionales o bilaterales con las normas multilaterales de la OMC, que son las que por su rango multilateral deben prevalecer.

La Ronda de Doha puede que no haya sido una buena idea, pero incluso las buenas ideas fallan cuando el momento no esta maduro.